Conoce a tu gato



La edad del gato
Por regla general se calcula que cada año de vida del ser humano equivale a 7 años de un gato. No obstante, y como demuestra esta tabla, la evolución es más lenta a partir de su mediana edad.



EL CELO

El primer celo del gato
La gata sufre su primer celo entre los seis u ocho meses, aunque hay razas, como la siamesa, donde puede aparecer a edades más tempranas. ¡Qué precocidad!. Existe otra teoría relacionada con la pubertad de los felinos basada en el peso de los mismos: se dice que alcanzan la etapa púber cuando su cuerpo se sitúa entre los 2'3 y 2'5 Kg.


Frecuencia del celo
No hay una regla fija que dicte las fechas concretas o, al menos, aproximadas del celo de una gata... Resulta imposible planificar el momento exacto: lo que sí está claro es que tanto su presentación como su duración están íntimamente relacionadas con el lugar donde vive la hembra felina. El clima y la cantidad de horas de luz diarias son factores determinantes. No obstante, hay dos períodos del año en los que la especie se muestra sexualmente actuva: a finales de invierno e inicios de primavera y en el cambio de la estación estival a la otoñal. Sin embargo, en España -debido a las condiciones climáticas- se puede afirmar que el período de celo abarca desde febrero hasta septiembre e incluso comprende todo el año, para desgracia y padecimiento de los propietarios. Cada ejemplar tiene su propio ciclo sexual y, por lo general, no sigue las pautas que su dueño desearía.

Duración del celo
El período de celo dura aproximadamente de 2 a 3 semanas. El proceso comienza con una primera fase en la que el animal aumenta su ritmo de actividad, emite frecuentes y, en ocasiones, escandalosos maullidos y demanda mayores muestras de afecto de sus propietarios. Todos estos síntomas comprenden un plazo de 2 a 3 días; seguidamente, la felina entra en una segunda fase mostrando una acusada receptividad sexual: la duración de ésta depende de la presencia o no de machos y otras hembras en su misma situación. Sin embargo, en caso de producirse el encuentro sexual en los primeros días del celo, éste no se alargará tanto en el tiempo y abarcará un período de cuatro o seis días.

El celo del macho
Evidentemente, no experimenta el mismo proceso orgánico que la hembra, pero sí sufre las consecuencias de ello. El gato macho está permanentemente dispuesto para montar a la gata, cualquier momento es válido y su receptividad sexual siempre está en alza: sólo le hace falta un pequeño estímulo para abordar la pareja. Este estímulo es, precisamente, la presencia visual u olfativa de una hembra en celo.
En cualquier caso, macho y hembra llegan a manifestar sus apetencias sexuales de forma similar: inquietud, revolcones, temblores de excitación, carreras, apetito alterado y un característico lamento -sobre todo la gata- que se prolonga durante todo el celo.

Evitar el celo
Dada la precocidad sexual de la especie y la asombrosa facilidad -¡y rápidez!- con que se reproduce, resulta siempre recomendable practicar todas las medidas posibles para eviar embarazos no deseados. Con este fin, hoy día se pueden evitar los celos felinos con dos técnicas:
FARMACOLÓGICA: Cumple el mismo efecto que la píldora anticonceptiva humana, administrándose mediante pastilas o inyección. Sin embargo, no es un método que se practique con frecuencia, pues suele tener contraindicaciones y efectos secundarios a medio y largo plazo.
QUIRÚRGICA: Consiste en una sencilla operación basada en la extirpación quirúrgica del útero y los ovarios de la gata. Al macho también se le puede castrar, practicando una pequeña incisión en el escroto y extirpándole los testículo.


Edad de la castración
La valoración del momento más oportuno para castrar a un gato o una gata debe ser tomada por el veterinario, que indicará al propietario los pros y contras de intervenir antes o después de la pubertad. Por ejemplo, si se efectúa la castración antes, evitaremos que tanto el macho como la hembra presenten su típico comportamiento sexual. En cambio, si se realiza una vez que ambos terminen su crecimiento (al año de vida, aproximadamente), conseguiremos que finalice su desarrollo óseo y muscular, que suele verse interrumpido cuando la operación se practica demasiado pronto. De ahí que resulte imprescindible valorar la decisión con el veterinario.
Castración del machoCastración de la hembra


Después de la castración
Días después de ña castración, su organismo sufre unos importantes cambios en su metabolismo general. Una de las consecuencias más evidentes es que durante los 2 meses siguientes tiene una mayor tendencia a engordar. Pero esto tiene una fácil prevención con la administración baja en calorías (alimento light) o, en su defecto, un control regulado de las raciones de su comida habitual. El plan nutricional debe acompañarse de un aumento de ejercicio y juegos que estimulen el gasto energético. Con estas dos sencillas medidas, alimentación adecuada y ejercicio regular, no hay razón alguna para que el gato o la gata acaben llenos de michelines.

Necesidad de reproducirse
La creencia que tanto una perra como una gata necesitan tener camada, al menos, una vez en la vida... ¡es un cuento chino! Precisamente, esta falsa convicción es la principal causa de superpoblación gatuna, así como de su posterior abandono. No es en absoluto cierto que la gata necesite experimentar la gestación, pues no mejora su condición física ni psicológica... ¿No se vuelve loca si no es madre! Sin embargo, las consecuencias de un embarazo gatuno sí pueden originar un conflicto personal y familiar a la hora de decidir qué hacer con los cachorros cuando no hay posibilidades de encontrarles un hogar.

EL SEXTO SENTIDO

Se habla del sexto sentido porque, como es sabido, existen cinco sentidos principales: la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto, aunque es bien cierto que se conocen otros más como, por ejemplo, el del equilibrio. Así que se atribuye al sexto sentido todas aquellas capacidades, aún parcialmente desconocidas, que demuestran poseer algunos animales, como sentido de la orientación, telepatía, premonición, psicocinesis, etc. Algunas de ellas, que en otros tiempos parecían increíbles, están hoy ampliamente explicadas: es el caso del sentido de orientación de las aves y de otros animales migratorios. Otras capacidades todavía se resisten a nuestra comprensión, aunque tanto los científicos como los parapsicólogos han efectuado numerosos intentos de encontrarles explicación.


Reencontrar a su amo
En lo que al gato concierne, el primero de estos poderes es la capacidad para regresar a su amo. De vez en cuando los diarios informan sobre la pasmosa aventura de un gato (o de un perro) que ha recorrido centenares de kilómetros para reencontrar a su amo.
Los ejemplos son numerosísimos. En abril de 1977, en Francia, un gato llamado Pompon apareció de nuevo ante su amo, residente en Fontainebleau: al parecer había partido dos años antes de Sanary, en el departamento de Var, situado nada menos que a 900 kilómetros de distancia. En 1978, y de nuevo en Francia, cerca de Vierzon, otro gato, Minouche, se escapó del automóvil de su propietario y regresó a su casa, en Dôle, situada a más de 400 kilómetros; el pobre Minouche estaba depauperado y tenía las uñas completamente consumidas.
En Australia, hará unos doce años, parece ser que un gato recorrió nada menos que 2.400 kilómetros para regresar a la casa de su amo, quien lo había perdido mientras estaba de camping; éste relató: "Estaba muy sucio y espantosamente flaco, pero apenas lo llamé por su nombre sus ojos se iluminaron y empezó a ronronear". Estos episodios adquieren notable importancia cuando se considera que el gato no es, bajo ningún concepto, aficionado a efectuar largas caminatas. Una de las historias más veces contadas sobre este tema es la del persa Sugar, que vivía en California con sus amos.
Un día estos señores decidieron trasladarse a Oklahoma y partieron tras instalar a Sugar en la parte posterior del automóvil. Sólo después de varias horas de viaje se dieron cuenta de la desaparición del gato: evidentemente, saltó por una ventanilla que había quedado abierta. Resignados, los propietarios de Sugar continuaron el viaje hasta alcanzar su nueva residencia.
Pasaron algo así como catorce meses y, cierto día, vieron entrar un gato por la ventana de la cocina; lo primero que hizo el animalito fue saltar a los brazos de la dueña de la casa: era Sugar, al que se identificó por una malformación de la cadera. ¡Había recorrido cerca de 2.500 kilómetros!
En su libro L'áme des animaux (El alma de los animales) el escritor Jean Prieur refiere la sorprendente aventura de la gata Amado, que apenas recorrió 25 kilómetros, pero cuya gesta no es menos excepcional teniendo en cuenta que estaba ciega.
La gatita pertenecía a una vieja campesina de Provenza, quien, sintiéndose próxima a morir, la había confiado a una amiga residente a 25 kilómetros de distancia, en la otra orilla del Ródano. Quince días después la ex propietaria de Amado oyó un maullido ante la puerta de su casa; corrió a abrir y reconoció a su Amado, reducida a condiciones lamentables, delgadísima, completamente enlodada y con las patas ensangrentadas.¿Cómo pudo esta gata ciega hallar el camino de regreso teniendo en cuenta que en la zona, en un tramo de 20 kilómetros, no existe un solo puente que atraviese el Ródano?
Los citados ejemplos -unos cuantos entre los muchísimos existentes , obligan por tanto a admitir que el gato posee la capacidad de volver a encontrar a su amo.
El caso más frecuente, el del gato que regresa a su anterior domicilio, es quizás el más explicable: el animal quiere recuperar a su amo impulsado por el hambre, la inquietud, el afecto y el deseo de volver a tener cuanto perdió y entonces, mediante un proceso aún misterioso, busca la dirección aproximada que debe tomar. A partir de entonces, el gato recurre a un método de aprendizaje por tanteos y errores, avanzando mediante una serie de asociaciones visuales, olfativas, acústicas o de cualquier otro género. Busca un sonido familiar, como por ejemplo, el de las campanas; olores conocidos, caminos que antes recorrió. En otras palabras: el gato pone en funcionamiento su memoria asociativa. De indicio en indicio, volviendo, si es preciso, sobre sus propios pasos, termina por alcanzar la meta Esta explicación resulta menos convincente cuando el gato recorre enormes distancias, o bien cuando se reúne con su amo en un lugar en el que nunca estuvo antes.


Los gatos médium
El teósofo sueco Emanuel Swedenborg (1688-1772) afirmaba que los animales eran "brújulas vivientes" gobernados por "campos de acción absolutamente desconocidos para el hombre"; hoy, algunos no temen hablar de los gatos médium, y a tal efecto se han propuesto atrevidas explicaciones introduciendo en el juego un sentido desconocido: el llamado "psitrailing". Según esta teoría, existiría una especie de comunicación telepática entre el gato y su dueño, o entre el gato y determinadas personas, que guiaría al gato perdido por medio de vibraciones que éste sería capaz de percibir. Los egipcios ya creían en este tipo de telepatía: en un papiro descubierto en Saqqâra se puede leer: "Cuando tú piensas, él (el gato) te comprende aun si tus labios no se mueven ni tu boca pronuncia palabra alguna. El lee en ti con la mirada de los dioses". También en la Edad Media los brujos llegaron a ser acusados de comunicarse con sus gatos por vía telepática.
Algunos investigadores han tratado de probar la existencia de contactos telepáticos entre hombres y animales. Por ejemplo, el doctor Karlis Osis, miembro de la Sociedad Americana de Investigación Psíquica, cree haber demostrado la capacidad de transmisión de pensamiento entre el hombre y el gato con el siguiente experimento: el animal debe elegir entre dos cuencos de comida colocados en el extremo de una caja en forma de T; el experimento intenta, mediante la transmisión del pensamiento inducir al gato a elegir un cuenco en vez del otro, y en la mayoría de los casos se cumple el intento.
Por su parte, un investigador alemán, H. Schmidt, ha ideado un dispositivo capaz de poner de relieve la existencia de una cierta psicocinesis en los animales, es decir, de una capacidad del cerebro de influir sobre sus sistemas físicos, por ejemplo, moviendo objetos o modificando su estado físico sin el concurso de las actividades motoras normales. El dispositivo está formado por un "generador de casualidad" que envía corriente, al azar, a dos lámparas de rayos infrarrojos, alternativamente y sin que sea posible predecir cuál de las dos se iluminará. En su conjunto y en un determinado período de tiempo, ambas se iluminan idéntico número de veces. Una de las lámparas se coloca en un recinto no especialmente caldeado y donde se introduce un gato. De pronto, tras la incorporación del animal, el funcionamiento del generador se vuelve anómalo: la lámpara emplazada en el recinto donde se encuentra el gato se ilumina, en efecto, con más frecuencia que la otra, como si el cerebro del animal, deseoso de mayor calor, fuese capaz de influir en el funcionamiento del generador.
Apenas el gato se aleja del recinto todo vuelve a la normalidad, y ambas lámparas vuelven de nuevo a encenderse con la misma frecuencia. De todos modos, se ha constatado que estos poderes, denominados "efecto Schimidt" son temporales y se extinguen al cabo de seis días.


Meteorología felina
Otra de las notorias capacidades del gato es la predicción del tiempo. Según una creencia popular, si un gato, en el momento de efectuar su aseo, pasa una pata sobre una de sus orejas, es señal de que la lluvia, o la tormenta, está muy próxima.
En realidad se cree que el gato se pone nervioso porque su piel se carga de electricidad, y se excita a causa de las pequeñas descargas que se producen cuando toca un objeto cualquiera; por eso comienza a arañar los tejidos y a trepar por las cortinas.
Cuando rasca el suelo, en cambio, establece la dirección de donde va a soplar el viento. Para anunciar buen tiempo el gato ronronea y no se frota la nariz durante su aseo. Desde luego, esta meteorología felina no siempre es fiable, como tampoco lo es, por lo demás, la humana.


El tiempo de morir
¿Anuncia el gato su propia muerte? Sobre el tema se han efectuado distintas observaciones más o menos válidas. En algunas ocasiones se ha encontrado muerto un gato que la tarde anterior había requerido insistentemente ser acariciado largo tiempo por su amo, o bien que había ido a refugiarse durante mucho rato debajo de un mueble.
En su Autobiografía espiritual (1948) el filósofo ruso Nicolaj Berdjaev cuenta que su gato Mourry, sintiendo próximo su fin, se arrastró hasta la habitación de una persona gravemente enferma, saltó sobre su cama y, súbitamente, murió. El gato podría ser capaz de sentir la muerte de un ser humano; muchos afirman que los gatos acuden a los lechos de los enfermos que van a morir en el término de escasas horas. Se cuenta que en París un gato, cuyo propietario estaba muy enfermo, comenzó a maullar desesperadamente y a agitarse hacia las tres de la madrugada: era el momento en el que su amo agonizaba…Después, el gato rehusó penetrar en la estancia antes ocupada por su amo.
Parece, además, que los gatos se percatan del abandono definitivo que significa la muerte, y se sabe de gatos que se han negado a abandonar la tumba de su amo.
El comportamiento del gato es, desde luego, extraordinario: es un universo aún en gran parte inexplorado, mas extremadamente interesante.